Tapar
agujeros para caer en otros.
Antes
de comenzar, aclarar que este título no va de ninguna forma en el sentido
pesimista, sino que refleja totalmente el pensamiento que cruzó mi mente tras
terminar esta primera jornada de 4to. semestre. ¿La razón? Darme cuenta que la
labor docente siempre trae nuevos retos o desafíos tras haber solucionado
otros: me sentí bastante gratificado por haber podido mejorar mi lenguaje
corporal durante las clases y que los muchachos comprendieron un tanto mejor al
explicarles o darles indicaciones. Sin embargo, salió otro punto sobre el que
debo trabajar bastante: la disciplina y control del grupo. La verdad siempre se
me ha dificultado “enojarme” y llamarle la atención a otras personas (no solo
chicos de secundaria, sino en general) dado mi carácter que es tranquilo.
Obviamente tampoco se trata de explotar contra ellos ni mucho menos, sino
simplemente tener carácter más firme y llamarles la atención.
De
hecho, analizando como grupo antes de salir de vacaciones, creo que todos (o la
gran mayoría) coincidimos que nuestro reto en común es mejorar este aspecto tan
esencial en la parte profesional como futuros maestros. Estamos todos
completamente conscientes que un docente sin control de grupos tiene mucho que
perder si no corrige este aspecto. No se trata de asustar ni mucho menos, sino de estar
al tanto de esto y hacer lo mejor posible por cambiarlo.
De vuelta a la acción.
Regresar
al trabajo dentro del aula con los chicos siempre será motivo de nerviosismo
para cualquier docente practicante. Preparar la lección, hacer los materiales,
mentalizarse, entre otros procesos más que sin duda nos hacen estar
concentrados y sobretodo nerviosos. En esta rotación llevada a cabo, me tocó
asistir a la secundaria Técnica No. 10 junto con Vianey y Omar para llevar a
cabo nuestro trabajo durante la jornada de práctica. Había una abismal
diferencia en cuanto a la disciplina de los muchachos de los grupos en
comparación con la Mixta No. 1 (secundaria del semestre pasado). En la Técnica
No. 10, los alumnos son más inquietos y recios a laborar en clase y acatar a
los profesores (esto mediante las observaciones durante la visita previa), por
lo que de inmediato supe cual sería la principal dificultad durante la jornada
de práctica. Irónicamente, el grupo con el que me correspondió trabajar, a
comparación de los otros, no era la disciplina el problema sino que los
muchachos eran bastante flojos al trabajo en clase.
Además, eran un tanto más
antipáticos (por decirlo de algún modo) a participar activamente en clase (lo
note en todas las materias) de forma voluntaria, por lo que escogerlos por
“dedazo” era la única forma de meterlos a la clase.
Sin embargo, este “error”
por parte de los maestros me supuse venia del hecho que ellos (los docentes)
precisamente no solían tener la costumbre de involucrarlos muy a menudo con las
temáticas de la asignatura en turno. Incluso, por momentos, parecía que el
profesor/a consideraba al alumno como alguien que no sabía nada en absoluto de
los contenidos, siendo esto una falsa idea ya que “el alumno no es una tabla rasa, una mente vacía, al
contrario, sabe un montón de cosas, se ha hecho preguntas y ha asimilado o
elaborado respuestas que le satisfacen de forma provisional (Perrenoud, 2004)”.
Otro factor que pude notar que literalmente “mataba”
a los alumnos según a lo que me mencionaron durante los días previos a las
sesiones que tuvimos, es el hecho que los maestros se encierren a usar
exclusivamente el libro de texto de la materia para toda ocasión y no ofrecer
alternativas ocasionales que se salieran del renglón y fueran más creativas o
fuera de lo común. Por ejemplo, que en clase de ciencias hubiera, de forma más
frecuente, experimentos relacionados a los temas y no solo problemas y formulas
teóricas en todo momento.
Imprescindible mencionar que el muchacho de
secundaria define como “buen maestro” aquel que al dar la clase se pone en
lugar de ellos y explica de manera sencilla, clara y hasta ejemplifica con
situaciones que resulten comunes para los jóvenes.
¿Qué
logre mejorar y que he dado nota que debe ser trabajado? Una pregunta que hasta
cierto momento antes de la jornada seguro hubiera respondido “solo el lenguaje
corporal, lo demás está bien” Si claro, como no. Y es que ante un nuevo
ambiente, contexto y alumnos las dificultades naturalmente serán distintas.
Estos nuevos alumnos sin lugar a dudas me hicieron darme cuenta que no todo es
como se lo pinta uno mismo. No fue una situación de avergonzarme o sentirme mal
ante la noción de dichas carencias, sino todo lo contrario pues uno está parado
en dicho lugar como practicante para, ante la convivencia directa con el
alumno, hacer cuenta de las debilidades que deben ser corregidas y las
fortalezas pulidas. Me dio mucha satisfacción el darme cuenta durante las
sesiones con los alumnos, que la problemática del lenguaje corporal y el uso
del español (ambos puntos cuestionados en el semestre pasado) mejoro bastante y
se vio reflejado en el desarrollo de las lecciones. Un pequeño paso pero sin
duda un gran avance para mí. Por otro lado, apareció una nueva situación que
representa el nuevo reto a vencer: el manejo del grupo en el ámbito
disciplinario. Los chicos de la Técnica 10 resultaron ser más complicados en
ese ámbito y por momentos se obstaculizaron los objetivos de la clase debido a
esto.
Una cuestión
curiosa que pude corroborar finalmente, es, que los muchachos de secundaria
(sean de la escuela que sea) siempre tendrán concepciones muy propias y
particulares de ellos con las cuales nos enfrentamos (y seguiremos en los años
venideros) ya que los chicos siempre tendrán ideales a los cuales se aferraran.
Como apunta Perrenoud:
“No nos
libramos tan fácilmente de las concepciones previas de los alumnos; pues forman
parte de un sistema de representaciones que tiene su coherencia y sus funciones
de explicación del mundo y se reconstituye subrepticiamente, a pesar de las
demostraciones irrefutables y las desmentidas formales aportadas por el
profesor.”
Tras lo citado previamente, es evidente que la segunda
tarea más complicada (detrás de enseñar) consiste efectivamente en cambiar las
concepciones de los muchachos de manera paulatina y progresiva, sin que los
alumnos sientan una agresión a sus ideologías o creencias ya que de ser así,
podrían suscitarse ciertos conflictos en la relación maestro-alumno. Aunque por
supuesto habrá momentos también donde el hecho que el estudiante tenga ciertas
creencias beneficie el debate y la discusión dentro del salón (a través buena orientación
y moderación, claro está).
¿Qué
sucedió dentro del aula?
Entrando de lleno a lo sucedido en el salón en esta
práctica con los muchachos de 2-C, comentar que el tema que se trató en las
sesiones (el cual fue facilitado por el maestro titular de la materia en turno)
fue el de “Comparatives” a través del uso de “more” y la terminación “er”.
Mediante la aplicación de encuestas en la visita previa, tome pauta para
diseñar y elaborar los materiales usados durante cada clase, que a decir
verdad, tuvieron un impacto moderado: no les causaron un shock tremendo, pero
tampoco pasaron inadvertidos para los estudiantes. Elabore conversaciones
haciendo uso de personajes que a ellos les llamaban la atención y conocían
bastante.


Los contextos y actividades utilizados para la enseñanza del tema
en cuestión fueron procurados en ser lo mas familiares y prácticos para ellos
(una conversación en facebook, otra en una tienda de ropa) de modo que les
permitieran relacionar todo de forma mas sencilla. Todo esto suena muy bien y
debo decir que mentiría si dijera que todos los alumnos entendieron a la
perfección y realizaron las actividades en tiempo y forma, claro que no.
Naturalmente, hubo chicos que tuvieron mas facilidades que otros por diversos
factores, dígase mayor o menor atención, entendimiento del idioma,
etc.


Dentro de esto,
precisamente la explicación juega un rol importante y que es
independiente (a mi consideración) de la cantidad y calidad de los recursos y
materiales que se empleen para una clase: no importa cuán novedosos sean, si la
explicación conjunta que el maestro da no es clara ni entendible para el
estudiante, entonces no hay nada que hacer. Este aspecto me había fallado
durante el semestre pasado, y en esta ocasión hice uso de circo, maroma y
teatro con tal de ser lo mayor claro posible al explicar en inglés (no más
español, aun cuando del todo no me convence hacerlo). Surtió efecto debo decir,
quizá no al 100% dado obvias complicaciones lingüísticas que el joven
de secundaria presenta cuando alguien se les dirige en un idioma que
desconocen.
Y si a esto
agregamos que cada mente es un mundo diferente y complejo, entonces veremos que
la labor se extiende a limites que rebasan solamente estar parado frente a un
grupo dando instrucciones. Como señala Zavala Vidiella:
“Es
difícil conocer los diferentes grados de conocimiento de cada chico y chica,
ajustar el reto que necesitan, saber qué ayuda requieren y fijar la valoración
apropiada para cada uno de ellos a fin de que se sientan animados a esforzarse
en su trabajo. Pero el hecho de que cueste no debe impedir buscar los medios o
formas de intervención que, cada vez más, nos permitan dar una respuesta
adecuada a las necesidades personales de todos y cada uno de nuestros alumnos.”
Puede
sonar como una obra titánica y complicada de realizar, mas sin embargo la clave
esta, como manifiesta la lectura Principios
de los estilos de pensamiento “distinguir cuidadosamente entre los estilos
y las aptitudes, y darnos cuenta de que los estilos de las personas pueden
encajar o no con sus aptitudes (Sternberg, 1997).
Dentro de esta nueva jornada, se presentaron algunas
dificultades a la hora de dar instrucciones en las actividades, pues los chicos
simplemente no lograban captar de entrada lo que yo quería indicarles que
hicieran aun con uso de señas y ademanes. Esto me ha llevado a decidir que la
próxima ocasión, y como lo hace mi compañera Vianey, deberé hacer
carteles donde gráficamente este plasmada la indicación a seguir para
facilitar el entendimiento de la misma. A causa de lo anterior, el transcurso del
tiempo de actividades corrio de forma un tanto accidentada por parte de algunos
muchachos que no entendían y por lo cual debía yo hacer pausas para explicar de
nuevo. Citó lo escrito por la maestra Claudia en su registro de mi clase:
“Les dice que les va a
dar una hoja en donde van a contestar un ejercicio como el ejemplo, si es
palabra larga usarán “more” y si no usarán “er”. Le da las hojas a la alumna
Miriam y ella reparte. Se
oye un ligero rumor. El EN les dice “So again we’re going to answer here if it’s
a long word if it’s a short word we only add e and r ok? No hay respuesta ni
movimiento de los alumnos. Les pregunta: “Young is a short or a long adjective?
Él mismo contesta “Is a short adjective, so what word we are going to add?” Les
vuelve a explicar lo de los adjetivos largos y cortos. Por fin una alumna dice
que con ese ejemplo se usará “er”.
Lo
anterior deja ver lo que mencionaba previamente: dificultades al explicar y/o
dar instrucciones a los chicos. Hace falta pulir mas esta parte todavía. Y como
he mencionado previamente en reiteradas ocasiones, el manejo de la disciplina
es una cuestión imprescindible que se debe trabajar de mi parte si quiero
lograr mejorar como docente. Admito que me cuesta trabajo el hecho de ser más
estricto, pero debo serlo muy a mi pesar y sin contemplaciones (en el buen
sentido) hacia aquellos muchachos que no estén 100% dentro de la clase. No se
trata de ser regañón, sino simplemente tomar en serio y creernos (como ha
insistido el maestro Diego) que somos ya un docente frente a grupo y no un mero
practicante.
En
este semestre, ¿Qué quiero lograr? Lograr ser no un practicante, sino un
verdadero maestro frente a grupo que se sienta en su papel de educador y guía
que pueda lograr una relación adecuada con el alumno y llevarlo por buen camino
a través de distintas estrategias. Para eso estamos aquí, en este momento: para
APRENDER DEL ERROR y mejorar en el día a día.
Bibliografía
Perrenoud, Philippe (2004),
“Trabajar a partir de las representaciones de los alumnos” en Diez nuevas
competencias para enseñar, Barcelona, Graó, pp. 21-23.
Sternberg,
Rober J. (1997) “Principios de los estilos de pensamiento”, “El desarrollo de
los estilos de pensamiento” en Estilos de pensamiento. Claves para
Identificar nuestro modo de pensar y enriquecer nuestra capacidad de reflexión,
Barcelona, Saberes cotidianos, Paidós pp. 115-142 y 143-162.
Zabala Vidiella, Antoni, (2000), “Primera
conclusión del conocimiento de los procesos de aprendizaje: la atención a la
diversidad” y “El constructivismo: concepción sobre como se producen los
procesos de aprendizaje” en La práctica educativa. Cómo enseñar, 7ª
edición, Barcelona, Grao, pp. 31-37